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El establecimiento educativo sufrió graves daños en su mobiliario, alimentos y materiales didácticos durante el fin de semana. Tras una persecución vecinal, el sospechoso fue detenido por la policía.
Una jornada de profunda consternación se vivió en la comunidad educativa del jardín maternal Retoño Costero, ubicado a la altura del kilómetro 14 de la Ruta Provincial 1, en la localidad de Arroyo Leyes. El establecimiento, que funciona desde hace nueve años y recibe a niños de entre uno y cuatro años, fue blanco de un feroz ataque vandálico durante el fin de semana.
La directora de la institución, Paola Quesada, relató en declaraciones radiales el dramático escenario con el que se encontró tras recibir el aviso de un vecino: «Lo primero que veo es el pasillo lleno de cosas rotas, tiradas». Tras romper un vidrio para ingresar, el agresor provocó destrozos generalizados en las salas —con especial afectación en la sala roja—, arrojó comida, inutilizó electrodomésticos como computadoras, impresoras y un microondas, y dejó rastros de haber defecado y orinado en el interior del edificio.
La gravedad de la situación obligó a las autoridades a suspender las actividades presenciales durante el lunes, destinando la jornada entera a labores intensivas de limpieza y desinfección para poder garantizar un espacio seguro a los niños. «Realmente se sentía feo el ingreso y que violen tu propiedad», expresó la directora, lamentando haber tenido que descartar alimentos y materiales esenciales.
Accionar vecinal y captura del sospechoso
Mientras los daños causados por el intruso dejaban al descubierto un ensañamiento que iba más allá del robo, la rápida reacción de los residentes de la zona resultó determinante para evitar que el responsable escapara impune.
De acuerdo con el testimonio de la directiva, dos vecinos observaron al sujeto cuando merodeaba el establecimiento y lograron interceptarlo tras una breve persecución: «Lo ven yéndose por acá donde hay agua, chapaleando agua y lo corren y lo agarran». Minutos más tarde, personal policial acudió al lugar y detuvo formalmente a un hombre de 32 años.
El dolor de la comunidad y la solidaridad de las familias
El impacto del ataque golpeó fuertemente el trabajo cotidiano que la institución realiza junto a las familias para sostener los recursos didácticos de los alumnos, muchos de ellos obtenidos mediante donaciones y esfuerzo constante. «Duele ver porque muchas veces personas que hacen eso quizás son familiares de algunos de los chicos que tenemos acá, tío, primo, vecino» reflexionó Quesada.
Pese al duro golpe material y anímico, la respuesta comunitaria no tardó en manifestarse. Padres, exalumnos y vecinos se autoconvocaron para colaborar en la reconstrucción y acercar elementos de reposición, ratificando el fuerte vínculo tejido a lo largo de casi una década de labor pedagógica en la región.







